Carta abierta al Ministro de Educación, Cultura y Deporte
Sr. Ministro de Educación, Cultura y Deporte, permítame que me dirija a usted, una vez más, como Ingeniero Industrial y representante de unas cuantas decenas de miles de ciudadanos españoles, compañeros de esa misma titulación. El motivo no le sorprenderá, puesto que en los últimos días se ha asomado usted a los medios para hablar de ello. Me estoy refiriendo, claro está, a los problemas planteados por la falta de reconocimiento internacional de las titulaciones de ingeniero español anteriores a la Reforma de la Enseñanza Superior, mal llamada “proceso de Bolonia”.
Si el borrador de Real Decreto que conocemos es lo que usted llama solución al problema, se equivoca. Es posible que algún colega mío, cansado en extremo, le haga llegar el mensaje de que “algo es algo”, pero no es así. Va para dos años, Sr. Ministro, que llevamos planteando esta cuestión, sin encontrar gran eco en el Departamento de su digna dirección. Más tiempo aún hace que la Unión Europea, consciente de las incertidumbres que el nuevo sistema podía suscitar, exhortó a los Estados miembros a que identificaran los niveles de enseñanza previamente existentes con lo que se llamó, y se llama, el Marco Europeo de Cualificaciones (EQF, por sus siglas en inglés), consistente en ocho niveles a los que se podía asociar el nivel educativo recibido por cualquier ciudadano de la Unión. Y todos los países lo hicieron, sin grandes problemas, puesto que tenían muy claro en qué consistían los planes de enseñanza y titulaciones a que daban acceso en cada uno de ellos.
Excepto España, que una vez más, fue diferente, como en tantas ocasiones, para mal. El Gobierno español de entonces (ya sé, Sr. Ministro, que no fueron ustedes, pero podían haberlo puesto remedio) se sacó de la manga un Marco Español de Cualificaciones (MECES) con solo cuatro niveles, difícilmente asimilable a los ocho del Marco Europeo, y en los que se diluían las complejidades del sistema educativo. El afán de simplificar lo complejo para dejar contento a todo el mundo es un cáncer intelectual de nuestro tiempo. Y al fin y al cabo, no es tan complejo reconocer que curricula escolares de tres años de duración no son lo mismo que otros de cuatro, cinco, o seis años. Lo que la Unión Europea sí tuvo en cuenta al establecer los ocho niveles del EQF.
Los ingenieros españoles, con planes de estudio de cinco o seis años, plenamente equivalentes a los actuales máster de la Reforma, hemos solicitado por activa y por pasiva que se reconociera oficialmente esta equivalencia, reclamada, como he dicho más arriba, por la Unión Europea, satisfecha sin ningún problema por la mayor parte de los Estados miembros, y que aquí sólo ha encontrado silencio. Hasta que lo que temíamos, ha ocurrido.
Nuestros ingenieros, con una formación internacionalmente reconocida como excelente, se han encontrado con que nuestros títulos superiores, al no estar reconocidos por nuestro Estado como equivalentes al máster, les situaban en una posición inferior a la de cualquier colega de otro país cuyo Gobierno sí hubiera hecho los deberes. Y ha hecho falta que nuestras empresas de ingeniería, con una notable proyección exterior, empezaran a tener problemas serios en las licitaciones internacionales por el mismo motivo, para que algo se moviera. Y cuando parece, por sus palabras, que se ha movido, permita que le diga que no se ha movido bien.
Lo que pedíamos era muy sencillo, que en un decreto de medio folio el Gobierno español dijera, como es de elemental justicia, que los planes de estudio de cinco o más años de las ingenierías españolas (naturalmente, estoy hablando de las ingenierías consideradas como profesiones reguladas) son identificables con el nivel 7 del EQF, con lo que automáticamente quedaban asimilados a los nuevos máster. Es lo que han hecho otros países, que sí respetan a sus profesionales. Por cierto, no es ocioso advertir, que no estoy hablando de gentes de mediana o avanzada edad al plantear este problema, sino de jóvenes de veinte y pocos años que ahora están acabando sus carreras por el “plan antiguo” y que pueden ver sus vidas profesionales hipotecadas por la falta de diligencia de su gobierno.
Sin embargo, en el borrador de Decreto que hemos conocido, ni se menciona el EQF. Supongo que somos así de europeos, aunque se nos llena la boca hablando de las exigencias de la Unión, e inventando así coartadas para nuestras decisiones internas. Sólo se habla de ese marco español (MECES) antes comentado, como si los problemas de nuestros profesionales fueran internos.
Pero lo peor no es eso. El Real Decreto, que dedica mucho más espacio a tratar del reconocimiento de titulaciones extranjeras, cuando se ocupa del problema que estamos planteando, establece unos procedimientos llenos de informes preceptivos, de plazos de varios meses prorrogables según capacidad de la institución informante, mencionando incluso posibles sondeos de opinión y encuestas para verificar la necesidad o no de abrir un procedimiento…. ¿De qué estamos hablando, Sr. Ministro? ¿Es que en los archivos de su ministerio no constan los planes de estudio de las profesiones afectadas? ¿Es que nadie sabe en el Ministerio de Educación la formación que ha recibido un profesional español actual? ¿Es que nadie responde de esa formación? ¿Para qué se precisan aquí informes de la ANECA, que está para otras cosas y que según el RD pueden demorar ad infinitum las decisiones?
Estamos hablando de problemas urgentes y actuales y se nos responde con procedimientos que resultan algo kafkianos. Nuestras argumentaciones institucionales serán de otro tenor, Sr. Ministro, como procede, pero permita que ante la imagen de problema resuelto que usted ha intentado transmitir, a bote pronto y con todo el respeto del mundo, le diga, Sr. Ministro, que no es eso.
Jesús Rodríguez Cortezo
Presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales









